soglia di attenzione

martedì 29 gennaio 2008

A. Muñoz Molina, Ardor guerrero

Madrid, Alfaguara, 2006 (1ª ed: 1995)

Muñoz Molina narra en este fragmento de autobiografía su servicio militar en el País Vasco allá por los años 1979-80. Durante esa temporada, ETA mejora su eficacia en los asesinatos, que llegan a sobrepasar los cien por año. Así que a la atmósfera kafkiana del cuartel – donde siguen colgando los retratos de Franco de la misma forma en que en el centro de la bandera roja y amarilla sigue luciendo su bonita águila negra – se añade la confusa situación de una España que intenta afianzar una democracia recién llegada, al menos formalmente. Ardor Guerrero es, con El jinete polaco, la obra mejor del autor andaluz. Una disección del miedo y de la angustia en la que no faltan, por otra parte, momentos hilarantes, como la ocasión en que al futuro escritor le envían de oficinista en las cocinas del cuartel y descubre que tiene que inventarse completamente las cuentas. Final estremecedor.

Mientras leía el libro me acordé de una de la más perfectas definiciones que se han dado de la mili. La escribió Félix de Azúa en Historia de un idiota: "Esa Ciudad Ideal de hombres jóvenes separados de todo contacto sexual femenino, ordenados en castas puras y sin mediaciones, regidos por la más ideal de las representaciones (La Patria; o también La Madre), ocupa un tiempo vacío con una tarea inexistente, sin la menor finalidad práctica, y a un precio ruinoso."

venerdì 25 gennaio 2008

“¡Cuidao, que llega el Azúa!”

No me puedo resistir. Desde que lo publicò, hace dos años más o menos, habré vuelto a leerlo cien veces. Una de las obras maestras del Azúa bloguero. Su quintaesencia. En suma, una maravilla.

Aquí va, se titulaba Costumbrismo ontológico:
Tremenda fatiga. Llego al hotel a las diez de la noche, tiro los trastos y salgo en busca de algún alimento, cualquier cosa, lo que sea, fideos, donuts, esturión al ajillo, me da lo mismo. No he comido nada desde las ocho de la mañana. Entro casi sin mirar en la primera puerta que encuentro, la Cafetería Bar Iberia Salón Comedor y me asalta una emoción intensa, adolescente.

Suelo de losa verde, apoyadero de mármol plástico imitación jade chino hasta media altura, el resto gris rata, apliques de latón con tulipas translúcidas floreadas, percheros de bola, manteles de papel a cuadros marrones, un aparador lleno de flanes de huevo y periódicos viejos. En la tele retransmiten el partido Real Madrid vs. Steaua de Bucarest. Tomo asiento.

Se acerca un camarero cojo vestido de mandilón con lamparones y chaleco blanco al que falta un botón. Pido dos primeros, ¿es posible?, (no contesta), lentejas y patata con carne, dos clásicos de cuando estudiaba y el mundo iba a ser mucho mejor y lo íbamos a conseguir nosotros. Se va tic toc tic toc.

Un escalofrío de voluptuosidad me recorre el espinazo. Estoy a punto de pedir tinto El Sotillo con La Casera, como mi vecino de mesa, un hombre sin barbilla y nariz pontifical, pero me contengo. En el salón comedor Iberia sólo hay hombres y el más joven tendrá sobre los cincuenta y siete. “¿Y beber?”, dice. Ha vuelto como un aparecido. Me pido una cerveza, pero que no esté muy fría, por favor, hoy he caminado bajo la lluvia y estoy temblando. El cojo me mira con una sabiduría secular, abismal, paleolítica y me trae una cerveza helada. Tiene razón. ¿Cómo se me ocurre pedir estas tonterías?

Cuando el Madrid marca su cuarto gol, todos los comensales dicen: “gol” con una voz neutra, sin expresión, minimalista, como si saludaran a un colega que acaba de entrar, pero todos al mismo tiempo, con una exquisita articulación a capella. Uno de ellos, solista, añade para sí mirando al plato y pinchando una albóndiga: “Muy bonito. Mu-y bo-nito”.

El cojo se acerca a un caballero rebozado en chándal amarillo limón, pelo rapado y gafas culo de vaso y le pregunta con rotunda seriedad: “¿Hace el segundo, guapo?”. El del chándal asiente de mala gana y sorbe la coca-cola de su vaso de tubo. “¿Qué era, el codillo?”. El del chándal levanta la cabeza como si le hubiera picado un áspid y se le queda mirando al camarero de hito en hito y con expresión indignada: “¿Voy yo a comer esa mariconada?”. Y luego, con un gesto de infinita paciencia y venga-ya-que-no-me-molestes-más-en-toda- tu-puta-vida grita: “¡Tráeme el chicharro, no me fastidies!”.

Estos lugares conservan la belleza infinita de una sociedad sana, digna, señorial, inasequible al diseño y en donde los restaurantes son como han de ser y como eran en tiempos de Mesonero Romanos. Ocho euros treinta.

Al salir me cruzo con un punto de enorme caja torácica, coleta, patillas a lo Machaquito, collares de oro y un palillo en la boca. Avanza despacio, no sin cierto contoneo bien estudiado. Al fondo se oye: “¡Cuidao las carteras, que llega el Carota!”. El Carota avanza como un buque oxidado, aún valiente, aún marinero, capaz de cruzarse el Atlántico aunque sea a remo, y sonríe con inmensa satisfacción.

Regreso al hotel totalmente reconciliado con el mundo y con la Creación en general.


[Publicado el 20/10/2006 a las 10:30]

http://blogs.elboomeran.com/blog-post/1/259/felix-de-azua/
costumbrismo-ontologico/


giovedì 24 gennaio 2008

Italian Hit Parade

Avviso ai naviganti: sapendo di fare cosa gradita, s|a ruba da un vecchio post del blog Tabard la lista di alcuni importanti blog italiani a tema letterario secondo i parametri di BlogBabel (aprile 2007).

Nazione Indiana - Carmilla - Vibrisse - Giuseppe Genna - La poesia e lo spirito - Lipperatura - Il primo amore - Georgiamada - L’attenzione - Satisfiction - Enzoblog - Absolute poetry - Universo poesia - Erodiade - Blanc de ta nuque - Liberinversi - Slowforward sequenze - Imperfetta ellisse - Poetienon - Bombasicilia - Tabard - (il) Crise.

mercoledì 23 gennaio 2008

60º anniversario

Oggi, nel Parlamento riunito in seduta comune, il Presidente della Repubblica ha celebrato il 60º anniversario della Costituzione Italiana. Non è male ricordarne brevemente la nascita.

Il 2 giugno 1946 gli italiani votano contemporaneamente il referendum che vede la vittoria della repubblica sulla monarchia (12.718.641 voti contro 10.718.502, uno scarto minimo) e i membri dell'Assemblea Costituente. In questa, "brilla il fior fiore dell'antifascismo, da Ferruccio Parri a Sandro Pertini, da Emilio Lusso a Pietro Nenni, da Palmiro Togliatti a Giovanni Gronchi, da Lelio Basso a Giuseppe Dossetti, da Arrigo Boldrini a Cino Moscatelli, da Ugo La Malfa a Giorgio La Pira." A circa un anno di distanza dal referendum, il 15 luglio 1946 i 556 "padri" costituenti incaricano il loro presidente Giuseppe Saragat di designare 75 membri, rispettando la proporzionalità dei gruppi parlamentari, affinché redigano al più presto una stesura provvisoria della Costituzione che abbia però già le caratteristiche di un "progetto finale".

La Commissione, "dopo una breve suddivisione in sottocommissioni - rivelatasi infelice - costituisce un Comitato di redazione [18 membri] che a ritmi celeri e nella massima segretezza prepara quello che con pochissimi ritocchi diventerà poi lo schema definitivo. L'aria che si respira nel Comitato - composto in prevalenza da giuristi-politici come il cattolico Costantino Mortati, l'azionista Pietro Calamandrei, il socialista Paolo Rossi, il comunista Renzo Laconi - è di una solerzia calorosa e mai insidiata da contrasti politici di fondo: i lavori procedono spediti". Anche in sede di dibattito generale, che l'Assemblea inizia il 4 marzo 1947, poco viene emendato rispetto al progetto.

L'unica spaccatura grave a cui si assiste avviene sull'articolo che prevede che i rapporti tra lo stato italiano e la chiesa cattolica siano regolati dai Patti Lateranensi del febbraio del 1929. Qui "i comunisti votano a fianco dei democristiani per non infrangere la 'pace religiosa' del paese, dividendosi dai socialisti e dalle altre forze laiche che denunciano l'abdicazione dello stato davanti a un'autorità confessionale". La solita, vecchia storia.

"Resta comunque il fatto che la Costituzione presa nel suo complesso - insieme con il passaggio alla forma repubblicana dello stato - rappresenta in linea di diritto l'unica rottura netta con il passato fascista e prefascista." La 'rigidità' che la contraddistingue era intesa proprio a protezione dai tranelli del ventennio, quando un semplice decreto con forza di legge poteva far scempio dello Statuto. È anche interessante notare che per 7 anni la Costituzione rimase praticamente inattuata per volontà della Democrazia Cristiana, il partito uscito vincitore dalle elezioni del 18 aprile 1948: "ostruzionismo di maggioranza", si chiama.

Si parla da tempo - lo ha fatto anche oggi Giorgio Napolitano - della revisione della Carta, soprattutto per ciò che riguarda la sua seconda parte che disciplina organi e poteri dello Stato. I Patti Lateranensi non si toccano, invece (Art. 7). Può darsi che alcuni cambi siano necessari a distanza di 60 anni. Tuttavia, quando leggo i nomi di chi l'ha resa possibile e guardo poi le facce in Parlamento di chi dovrebbe cambiarla, un brivido mi percorre la schiena.

Tutte le citazioni sono tratte dallo splendido libro di Silvio Lanaro, Storia dell'Italia repubblicana, Venezia, Marsilio, 1992, pp. 57-60

lunedì 21 gennaio 2008

Juan Marsé, Canciones de amor

Barcelona, Areté, 2005, pp. 265

Parece que con el paso del tiempo difícilmente la obra de un escritor queda a salvo de la tendencia a la autorreferencia. En el caso de Juan Marsé, ésta ha sido siempre una estrategia configurativa deliberada, tanto intra como intertexualmente. El incipit de Canciones de amor en Lolita’s Club – “El comportamiento de un cadáver en el mar es imprevisible” –, no puede no resultar familiar al lector marsiano, pues es una cita literal de las primeras páginas de Si te dicen que caí, texto en el que el procedimiento de variación de una serie de motivos es fundamental para la estructura narrativa. Los personajes, situaciones y conflictos narrados no se alejan del submundo particular que el autor suele privilegiar. Así como es siempre eros la fuerza que en sus novelas revela la precariedad de todo ethos.

Raúl Fuentes es un policía de un carácter insoportable que, por sus modales de matón, primero se enemista en Bilbao a unos etarras y luego, cuando le trasladan a Vigo, a unos traficantes de droga y mujeres, la familia Tristán. Por eso le abren expediente y le alejan provisionalmente de su unidad. Así que decide volver a la casa del padre, en las cercanías de Casteldefells, donde su familia regenta un picadero. Al llegar ahí, descubre que su hermano gemelo Valentín, que a causa de una meningitis infantil no ha franqueado nunca mentalmente el límite de la adolescencia, trabaja como una suerte de hombre para todo en el Lolita’s Club, un bar de alterne en la carretera. Además, éste parece seriamente enamorado de Milena, una de las prostitutas. Como es la única persona a la que quiere de verdad y a la que siempre ha intentado proteger – mezclándose a este cuidado un punzante sentimiento de culpabilidad – , Raúl pretende sacarlo del local. Aunque Valentín no quiera, porque ahí está feliz, se hace querer bien y nadie le ofende. Lo que Raúl obtiene, en cambio, es que el hermano muera en su lugar por una represalia de ETA. A partir de entonces, el policía empieza una dolorida y quizás imposible expiación. Éste es muy sumariamente, y sin anticiparlo todo, el armazón narrativo principal de Canciones de amor en Lolita’s Club.

Marsé alterna obras maestras con otras de menor calado según el foco de su atención se desplace de la España pasada a la presente. Asimismo, cuando abandona las desoladas y conmovedoras historias de la Barcelona de la posguerra, más lejana en el tiempo pero menos emocionalmente, para situar la acción en la contemporaneidad, el mundo que narra parece perder en vivencia y adquirir paradójicamente un grado más alto de ficción. De ahí el recurso a los moldes de los subgéneros: Canciones de amor es, en efecto, una novela negra que debe mucho también al cine del mismo género y a la que poco le falta para transformarse en un guión. (*)

Forman el texto 36 breves capítulos que pueden incluir una sola escena o más de una y que en este caso resultan separadas por un espacio blanco con función de elipsis más espacial que temporal, dado el desorden mínimo de la fábula respecto a la trama. Predominan las escenas dialogadas, intercaladas por un narrador en tercera persona. Éste elige el tiempo presente menos para narrar que para describir lo que está viendo con una voz que no deja trasparentar ninguna emoción y que nunca comenta o juzga los acontecimientos. El resultado es una sensación de cercanía visual – de presentación – de lo que al mismo tiempo se relata con el desapego de un patólogo. El estilo de la banalidad del mal y de su apariencia aleatoria y a menudo insensata. O quizás, el de quien se ha acostumbrado a su presencia y ya no se asombra de nada.

Raúl, el policía cínico y violento, parece compartir con la voz narradora la misma anestesia emocional. El desencanto postmoderno desemboca frecuentemente en el cinismo. Pero lo que esconde esa actitud es también algunas heridas de la infancia: una madre prostituta y alcohólica que abandona muy pronto el hogar; un padre abofeteado en plena calle por los esbirros franquistas. El pasado – el privado de los protagonistas y también el colectivo del país – aflora a veces en la figura de José, el padre de los gemelos, y del doctor Duran, el médico que le salvó una pierna después de un accidente de caballo. Al parecer, a ambos les unía antaño la lucha antifranquista. Sin embargo, después del “pacto de silencio” que supuso la transición, el destino de los dos amigos es bien diferente: José no ha abdicado de sus convicciones libertarias y para Raúl su imagen no se aleja mucho de la que quedó fijada en sus retinas cuando le vio abofeteado: “la imagen de una derrota asumida mucho antes de casarse, mucho antes de nacer sus hijos” (p. 238); mientras que el doctor Duran vive ahora en un lujoso piso del Ensanche y está casado con una diputada de las Cortes. Cuando éste intenta contratar a Raúl para que vigile a su señora, hay una tensa conversación que llega a rozar temas políticos y el policía no oculta su desdén por cómo se llevó a cabo la entrada en la democracia. Más bien, cuando el narrador nos relata sus pensamientos, sabemos que ya ni siquiera le importa nada de la política. En las tres posturas, todos parecen irremediablemente huérfanos de algo que se ha perdido.

Marsé nos ofrece otra variación más de su descorazonadora visión del hombre. Habría que decir: de lo que se vuelve el hombre cuando “madura”. El autor ha situado siempre en los años juveniles el lugar de una felicidad, de una plenitud, de una despreocupación y, sobre todo, de una ingenuidad destinados inevitablemente a perderse. Marsé habló de esos años como de “una especie de eterno verano” en el que el tiempo está parado. Luego, éste se pone en marcha “y ya se acabó” (cfr. la entrevista de J. R. Iborra, “Juan Marsé: «Si no conservas al chaval que fuiste, estás muerto»”, El dominical, 30 de julio de 2000). El autor debe de haber suscrito algún día la afirmación de Sartre de que no determinan la actitud de un hombre ni el orgullo ni el valor, sino que decide la infancia (Las palabras). De ahí esa nostalgia de la que están embebidas sus novelas, un tema que Canciones de amor introduce ya a partir de uno de los dos epígrafes. La nostalgia no de unos lugares que se han abandonado, sino de la juventud durante la que se vivió en esos lugares, como distinguió con acierto Kant en su Antropología. Por eso, como leemos en el segundo epígrafe de Carlos Pujol, “Nunca se puede regresar a nada. Pero hay que regresar para saberlo”: volver a los sitios es posible, pero no a la mirada que los contempló un tiempo. Esa mirada – “las aguas quietas y limpias de sus pupilas” (p. 82) – es la que sigue conservando Valentín, el chaval que no ha podido crecer y al que se le han ahorrado por eso los desengaños de la vida. En su intento de protección, Raúl parece querer velar menos por la salud física de su gemelo – Valentín, además, no lo necesita, es mucho más fuerte que su hermano – que por la preservación de esa “mirada limpia y paciente” (p. 222) que algún día él perdió.

Raúl quiere preservar a Valentín del mal y le causa el más grande y definitivo. La muerte de Valentín es la terapia de choque que le hacía falta a Raúl, la ocasión de reconsiderar su vida y de descubrir que una mano puede servir no sólo para repartir tortazos porque el mundo le desilusiona a uno, sino también para reconfortar o acariciar al prójimo. A lo mejor no basta, como sugiere el primer epígrafe de Marco Aurelio – “Es ridículo no protegerse de la propia maldad, lo que es posible, y hacerlo de la de los demás, lo que es imposible” –, esa ética negativa cifrada sólo en la defensa del mal: habría que intentar hacer el bien y de esta forma, cuidando de los demás, uno cuidaría también de sí mismo. Vaya, qué anacrónica y qué ingenua suena esta apelación.

Reseñado por s|b - más o menos de la misma forma - en Rassegna Iberistica 86 (Oct. 2007), pp. 100-102

(*) Escribí la reseña hace un año. Ahora me entero de que Vicente Aranda acaba de sacar su enésima pelicúla de una obra literaria. No quiero verla: después de ver su Tiempo de silencio, no quiero ver más adaptaciones suyas.

sabato 19 gennaio 2008

Psicodrammi mastelliani

Un commento, colto bloggando in giro, sulle recenti peripezie mastelliane mi ha fatto notare una cosa che mi era sfuggita. A molti, credo. Nella sua sofferta e commovente dichiarazione di dimissioni da ministro, Mastella ha detto che sceglieva tra l’amore per la famiglia e il “potere”, non tra l’amore e la “politica”, questa strana cosa che ha il bene comune come fine, la felicità della polis. Notevole, veramente notevole. Il punto è che non era nemmeno un lapsus. Era esattamente quello che voleva dire.

(leggi anche qui)

venerdì 18 gennaio 2008

Ancora due appunti su Debord

Ne La società dello spettacolo di Debord, la cui apertura è stata scelta come “quasi manifesto” di questo spazio, si possono trovare altri strumenti molto interessanti per leggere le società “democratico- spettacolari” (definizione di Giorgio Agamben in Mezzi senza fine. Note sulla politica, raccolta che include anche delle utili “Glosse in margine ai Commentari sulla società dello spettacolo”) in cui viviamo. Si dice per esempio che lo spettacolo non è l’insieme delle immagini che ci inondano, ma che le immagini mediano le relazioni sociali tra le persone. Lo spettacolo è una Weltanschauung – una visione del mondo oggettivata – e costituisce il modello attuale di vita socialmente dominante. Lo spettacolo è, naturalmente, autoreferenziale: è il discorso che l’ordine mantiene su sé stesso, l’autoritratto del potere. Lo spettacolo è l’impiego del tempo e il momento storico in cui siamo immersi. In esso, ciò che appare è buono ed è buono ciò che appare. Lo spettacolo è il sole che non tramonta mai sull’impero della passività moderna, la produzione principale della società attuale ed il contrario del dialogo. È, inoltre, conseguenza della debolezza del progetto filosofico occidentale fondato sull’equivalenza tra vedere e sapere (a scapito dell’ascolto, per esempio). Lo spettacolo è l’incubo della società moderna incatenata, la quale vorrebbe solo dormire: lo spettacolo veglia sul suo sonno. Lo spettacolo cancella le tracce della produzione; i prodotti che crea rafforzano le condizioni di isolamento delle “moltitudini solitarie”. Le azioni, i gesti dell’uomo cessano di appartenergli. Nella società dello spettacolo la mercanzia occupa la totalità della vita sociale e il consumo alienato è per le masse un dovere. Il consumatore è trattato apparentemente come una persona rilevante, con attenta gentilezza. Lo spettacolo produce incessantemente false necessità che rinviano a quella più importante: il mantenimento del suo stesso impero. Lì dove domina la concentrazione spettacolare, domina anche la polizia. Lo spettacolo, come organizzazione sociale stabilita della paralisi della storia e della memoria, è la falsa coscienza del tempo. Al centro del falso movimento del suo mondo, la coscienza spettatrice non contempla nessuna transizione verso la sua realizzazione, e nemmeno verso la sua morte. La pubblicità insinua la colpevolezza di chi muore senza essersi assicurato. E l’invecchiamento è severamente proibito.

Amen.

La rivista Archipiélago, nella sua epoca eroica, ha pubblicato un bel numero monografico su cultura e spettacolo - il 16/1993 - con contributi, tra gli altri, di Rafael Sánchez Ferlosio, "Acerca de la ritualización de los saberes"; Giorgio Agamben, "La sociedad del espectáculo y la política del hombre cualquiera"; Agustín García Calvo, "De los límites de la cultura y las artes"; y Carlo Sini, "La cultura como espectáculo".

p.s. Per una strana coincidenza, tale numero contiene anche un necrologio per la scomparsa di Paul K. Feyerabend, tornato in auge in questi giorni, naturalmente solo in forma spettacolare, a causa della mancata visita di Benedetto XVI alla Sapienza di Roma. Per un'altra strana coincidenza, il necrologio s'intitola "Persona non grata". Su Feyerabend torneremo.

p.p.s. Ormai la frittata è fatta e il Vaticano ha incassato una vittoria su tutti i fronti. Ma il punto che non si sottolinea abbastanza, visto che il discorso si è spostato sulla libertà di parola, è che Ratzinger non doveva essere invitato all'apertura dell'anno accademico. Gli altri 364 giorni potevano farlo. Dimissioni immediate del Magnifico Incompetente Renato Guarini, visto che sua è la responsabilità.

giovedì 17 gennaio 2008

Vestito scomodo

"El tiempo es como un traje que siempre me cae mal, se me queda corto y ando desesperado, o de pronto me sobra y no sé qué hacer con él."
Antonio Muñoz Molina, El jinete polaco (1991)

giovedì 10 gennaio 2008

trappole | trampas

"Tal es la trampa en que acostumbran a caer las familias advenedizas, privadas de visión, que han consumido su existencia con el cuchillo sobre el presupuesto y el tenedor clavado en el ahorro. Cuando llega el momento de invertir sus ahorros, se equivocan, se equivocarán siempre, no en balde han rehusado siempre aprender la ciencia del gastar. Yo no sé [...] si es verdad que el dinero atrae el dinero; pero lo que sí puedo asegurar es que el ahorro atrae la ruina. Y ante tal axioma se comprende que existe un estado de falso bienestar fundado en el ahorro mucho más pernicioso y nocivo que la propia Ruina la cual, como decía el viejo Temístocles, nos preserva siempre de otra mayor." (Juan Benet (1967), Volverás a Región, Barcelona, Destino, 1993, p. 121)

"Tale è la trappola in cui sono solite cadere le famiglie parvenu, prive di visione, che hanno consumato l'esistenza con il coltello sul preventivo e la forchetta piantata sul risparmio. Quando arriva il momento di investire i loro risparmi, si sbagliano, si sbaglieranno sempre, non per niente si sono sempre rifiutate di imparare la scienza dello spendere. Io non so […] se è vero che il denaro attrae il denaro; ma ciò che sì posso assicurare è che il risparmio attrae la rovina. E di fronte a tale assioma si comprende che esiste uno stato di falso benessere fondato sul risparmio molto più pernicioso e nocivo della Rovina stessa la quale, come diceva il vecchio Temistocle, ci preserva sempre da un'altra maggiore." (trad. s|a)


Non vale solo per il denaro, naturalmente. Si riferisce all' apprendimento del rischio, e alla tensione tra trattenere e lasciare. Esiste anche una "città invisibile", Bersabea, in cui gli abitanti "accumulano metalli nobili e pietre rare, rinunciano agli abbandoni effimeri, elaborano forme di composita compostezza" credendo in questo modo di accumulare virtù e felicità e privandosi invece della gioia dell'abbandono, della generosità, dello staccare da sè. Ma la luce arriva a Bersabea da un astro fatto invece di tutte le cose buttate, e le comete nella volta celeste sono mosse dall'energia del "solo atto libero e felice di cui sono capaci gli abitanti di Bersabea, città che solo quando caca non è avara calcolatrice interessata." (Italo Calvino (1972), Le città invisibili, Milano, Mondadori, 1993, p. 112)

domenica 6 gennaio 2008

Quasi manifesto

"Toute la vie des sociétés dans lesquelles règnent les conditions modernes de production s'annonce comme une immense accumulation de spectacles. Tout ce qui était directement vécu s'est éloigné dans une représentation."
Guy Debord, La societé du spectacle (1967)

"The whole life of those societies in which modern conditions of production prevail presents itself as an immense accumulation of spectacles. All that once was directly lived has become mere representation."

"La vida entera de las sociedades en las que imperan las condiciones de producción modernas se anuncia como una inmensa acumulación de espectáculos. Todo lo directamente experimentado se ha convertido en una representación."

"L'intera vita delle società in cui dominano le moderne condizioni di produzione, si annuncia come un immenso accumulo di spettacoli. Tutto ciò che era direttamente vissuto si è allontanato in una rappresentazione."

E non aveva ancora visto niente.

sabato 5 gennaio 2008

Cari amici vicini e lontani

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